Un mundo feliz es un clásico de la literatura del siglo XX, una sombría metáfora de un futuro posible.
Los peores vaticinios del capitalismo se han cumplido: triunfan los dioses del consumo y la comodidad, y el orbe se divide en diez zonas en apariencia seguras y estables. Los humanos ya no procrean, el sexo se ha convertido solo en una diversión y las letras del alfabeto griego se han pervertido para clasificar a los seres humanos por castas. Todos aceptan su lugar en la nueva jerarquía social, perfectamente ordenada. Los valores humanos esenciales no tienen cabida en este mundo y los habitantes se crean in vitro con una técnica concebida a imagen y semejanza de una cadena de montaje. El soma, la droga por excelencia en este mundo distópico que propone Huxley, ayuda a los habitantes a escapar de la rutina. A cambio de este orden pulcro, la libertad de expresión y el pensamiento crítico han sido erradicados. Bernard Marx, el protagonista de la novela, inconformista e inteligente, deberá probar los límites de la sociedad que lo ha engendrado, iniciando un viaje más allá de las fronteras distópicas de su universo.

(La edición que yo leí no es la de Debolsillo sino una de los años 70 de Plaza & Janés, pero no he encontrado imagen de la cubierta así que he usado cubierta y sinopsis de esta edición, más conocida. Todas las opiniones en referencia a la edición no tienen que ver con la de Debolsillo).

Dioses, cómo he odiado este libro.

Por un lado, tengo que reconocer que la creación del mundo y ese vistazo a en qué podría el capitalismo terminar convirtiéndonos me ha parecido magistral; original e imaginativo, por un lado, y terriblemente profético en otro. Como dicen los jóvenes: «¡es una advertencia, no un manual de instrucciones!». En ese sentido, genial, mis dieces.

Pero, por otro… ¿Qué? ¿Qué querías contarme? ¿Dónde está la historia? Porque en el sentido de narrativa, esto no tiene ni pies ni cabezas. Escenas desconectadas, personajes sin más, una trama muy basiquita que no lleva a ninguna parte… Es como espiar esa sociedad futura por una rendija, a pedazos. Y poco más. En mi opinión de lectora sin estudios de teoría literaria, creo que el autor tenía una idea muy buena, un setting de la hostia y un mensaje que quería transmitir, pero no el modo de hacerlo mediante la ficción. A veces mientras leía tenía la sensación de estar leyendo la Wikipedia.

También tengo que decir que no es un libro para estómagos sensibles: sobre todo si eres mujer, este libro va a revolverte muchísimo. Hay una deshumanización brutal y, en general, encontramos todo lo horrible de la sociedad actual (que no es poco) multiplicado por diez: clasismo, racismo, capacitismo, muchísimo machismo… No soy una lectora a la que le moleste que los libros le provoquen sensaciones negativas o la incomoden, pero el mal cuerpo que me provocaba este a veces era demasiado. Aunque sé que es precisamente la intención del libro, eso no evitaba que a veces tuviera que cerrarlo y huir al Stardew Valley.

Me quedo, eso sí, con la reflexión que plantea la novela, un tema interesantísimo del que se podría discutir horas y horas: ¿estaríamos dispuestos a sacrificar el arte y la verdad en favor de una felicidad artificial?, ¿cuál es el precio a pagar por tener todas nuestras necesidades cubiertas todo el tiempo?, ¿puede mantenerse esta sociedad turbocapitalista indefinidamente?, ¿libertad o comodidad?

En resumen: buenas ideas y mensaje, mala ejecución.

Te lo recomiendo: si tienes curiosidad sobre por qué este libro es tan renombrado y conocido.
No te lo recomiendo: si buscas un poco de acción o cierta profundidad de trama.

Sobre la edición: mi edición era un cuadro de erratas, fragmentos faltantes, traducciones sin sentido y pésima calidad que solo ha empeorado mi opinión de este libro. Luego decimos que las editoriales actuales no corrigen, pero mi edición tiene (tenía, porque he tirado el libro 😂) más de 50 años e iba a una media de cinco erratas por página. Está claro que el problema viene de lejos.

La actual felicidad siempre parece muy menguada en comparación de las compensaciones que brinda la miseria. (…) La felicidad nunca es grandiosa.

Título: Un mundo feliz (Brave New World).
Escrito por:
Aldous Huxley.
Traducción de: Ramón Hernández.
Editorial:
Plaza & Janés.
Primera publicación:
1932.

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